PRESENTACIÓN

LAS PENAS CON HUMOR SON MENOS PENAS

Este es el blog suboficial de PENURIAS EXQUISITAS, mi primera novela. Pero, sobre todo, es un espacio dedicado a la literatura de humor en el sentido más amplio de la expresión. Si un relato entretiene a quien lo lee y le ayuda a olvidarse de sus problemas por unos instantes, bienvenido sea. Aunque en el texto no se realice un alarde estilístico o se haga una brillante reflexión filosófica o futbolística. Como diría un albañil: cuanto más divertida sea una obra, mejor. En palabras de Mariano, el protagonista de esta novela, "Si, además de entretener al sujeto lector, se provoca su hilaridad, se cobran dos volátiles de una detonación."


miércoles, 19 de abril de 2017

FIRMA DE EJEMPLARES DE VICIOS DEL SERVICIO

      Os invitamos a visitar la Librería González  (C/Guipúzcoa, 61 de Barcelona) el domingo, día 23 (Sant Jordi), de 12 a 14 horas.
      Allí podréis disfrutar de la presencia del autor de “Vicios del Servicio”, que se encontrará a las puertas del establecimiento firmando ejemplares de su novela.
      César lleva varias semanas preparándose para la ocasión con ejercicios de musculación de su brazo y mano derecha en un gimnasio del barrio. También ha perfeccionado su letra para escribir las dedicatorias completando casi doscientos cuadernillos Rubio de caligrafía.
      Se han cursado invitaciones a varias personalidades que aparecen en la novela para que asistan al acto ( Jordi Pujol, Rato, Bárcenas, etc.), por lo que rogamos a los lectores que se acerquen a comprar un libro que no traigan joyas ni objetos de valor para evitar disgustos.
      La presencia de famosos está asegurada porque también corre el rumor de que Rappel visitará la librería con la intención de prepararse para su próxima aparición en Gran Hermano VIP (Verneda I Prim). Y parece ser que Belén Esteban, en Barcelona por Sant Jordi, visitará ese día todos los lugares de la ciudad donde se firmen libros en busca de “negros” para futuros trabajitos. La diversión está asegurada.
      Además, si compráis un ejemplar de la novela, el autor  os regalará una cariñosa dedicatoria personalizada ("Con cariño para la persona que paga los doce euros") y os despedirá con un par de besos (ellas) o un abrazo (ellos).

martes, 11 de abril de 2017

                                    

¿POR QUÉ REGALAR VICIOS DEL SERVICIO EL DÍA DE SANT JORDI/ EL DÍA DEL LIBRO?

     Porque, como el caballero Jordi, venció al malvado dragón que atemorizaba al reino, tú derrotarás al dragón del tedio que ronda la mente humana si te lo regalas (y lo lees, claro). Además, también puedes derrotar los ronquidos de tu pareja cuando se quede dormido/a en el sofá vencido por el aburrimiento de la programación televisiva, sólo tienes que introducirle el lomo del libro en la boca.
     Porque tu chico te va a regalar un ramo de rosas rojas enorme al comprobar emocionado que este año te lo has currado y no le has comprado otra vez el último premio Planeta.
     Porque evitarás que tu mujer te patee los testículos otra vez, harta de que cada 23 de abril le regales el último libro de Belén Esteban o Jorge Javier Vázquez.  Este año le demostrarás lo mucho que la quieres porque te has esforzado buscando para ella un libro original que no lo han leído todas sus amigas.
     Porque así no tendrás que aguantar las largas colas que se forman el día del libro en los puestos callejeros o en las librerías. Recibirás en tu domicilio el ejemplar de la novela por correo y no habrás de moverte de tu casita. Te evitarás los codazos, puñetazos, el tufo a sobaquillo y los sospechosos móviles rozando tu trasero.
     Porque Vicios del Servicio te ofrece un vicioso servicio de dedicatorias a la carta totalmente gratuito. El autor reproducirá en la primera página de la novela la dedicatoria elegida por el comprador de entre las siguientes opciones:
Uno.- A (nombre del comprador/a), que con su sensual inteligencia y sus caricias creativas excitó mi entendimiento inapetente hasta llevarme al clímax durante el que engendré esta novela,
El autor.
Dos.-Con cariño para (nombre del comprador/a), el/la maestro/a del sexo tántrico, que tanto me ayudó a relajarme de las tensiones ocasionadas por la escritura de este libro.
Un achuchón a distancia,
El autor.
     Porque sólo cuesta doseuros, o sea, doce euros. Lo mismo que un cubatalitro en la disco poligonera a la que acudes los fines de semana con tus colegas para mitigar vuestra angustia existencial y reflexionar sobre lo fútil de la vida humana. 
     Porque leer es sexy. Vete a una cafetería del centro, siéntate a una mesa, ponte las gafas de pasta que te dan ese toque intelectual tan irresistible y abre Vicios del Servicio. Garantizado: en pocos minutos se te acercará un hombre o una mujer para interesarse por tus deseos más apremiantes, concretamente para ver qué deseas tomar. Además, siempre puedes dejar volar tu imaginación leyendo las aventuras sexuales del protagonista del libro.
     Porque la lectura de esta novela no engorda. Cero calorías, a menos que te la comas.
     Por si todas estas razones te parecen pocas, tenemos una oferta irresistible para ti que no eres tonto:
¡COMPRA UNA NOVELA Y LLÉVATE OTRA POR EL MISMO PRECIO QUE LA PRIMERA!
(Apúrate, esta promoción está limitada a los primeros 100.000 ejemplares).


  César Blasco

miércoles, 29 de marzo de 2017

Hola, amigos. Como podéis comprobar, no he muerto todavía. Supongo que a alguno le habré amargado el día, pero así es la vida. Si llevo tanto tiempo sin publicar ninguna entrada en este blog es porque he estado muy atareado escribiendo una nueva novela, aunque el curso práctico de ejecución de tareas del hogar al que me somete mi mujer, siempre vigilante para que yo no caiga en el tedio, también me ha llevado lo suyo. El caso es que, como buen maño, he perseverado en mi afición narrativa y he perpetrado otra obra que atenta gravemente contra la literatura mas cansina y lo políticamente correcto. Vicios del Servicio se llama la criatura y os animo a que le echéis un vistazo al blog de la novela  haciendo clic en este enlace:http://viciosdelservicio.blogspot.com.es/
Bueno, os dejo que tengo la cocina sin recoger y aún debo de limpiar el baño antes de ponerme a hacer la cena.
César Blasco

lunes, 24 de marzo de 2014

EL CASO ES QUE ME CASO

                            
      Aunque no sé si viene a cuento, os voy a contar un cuento. Cuento con que no dejará a todo el mundo contento y alguno me dirá: “Ve a otro con ese cuento” o “Estoy perdiendo el rato. Cuento los minutos para que se acabe este relato.”, pero si no lo cuento reviento.
     El caso es que me caso. La vida es una traviesa que te da estas aviesas sorpresas.  Conozco a Ana una noche aciaga. Yo ciego de aguardiente, ella una dama caliente. Terminamos en la cama y doy tan certera estocada que la tía se queda preñada.
      Su padre, que es cazador, me presenta su escopeta cuando se entera de que puede tener una nieta. Aparece en mi casa y me dice una cosa: “Hazme caso porque yo no fracaso. O te casas o te coso a balazos”. ¿Te haces cargo? Casi me cago del susto. Así que, aunque a disgusto, me decido por el sí quiero y dejar de ser soltero.
     Tras dos meses de tormento, llega el día del casamiento. Mi novia pregunta en una clínica de cara a tener una nueva cara para salir guapa en las fotos de la boda, pero le dicen que una cara es muy cara. ¡Hace falta tener cara! Así que se sujeta su jeta con esparadrapo para que la papada no salga escapada en un buen rato.
     En la puerta de la iglesia hay un tullido pedigüeño. Como no le doy dinero, me echa una maldición con muy mala dicción. Cojo al cojo que echa el mal de ojo y lo desalojo con una patada en el ojete.
     La madrina roba dinero del cepillo, pero el cura pilla a la pilla en la capilla. Le hace pasar al confesionario y la perdona después de rezar un rosario.
     Aparece el padrino y me dice: no traje traje. De hecho, casi lo echo por el hecho de que se presenta vestido solo con un helecho. Vaya desplante. Mi suegra le quita la planta, le planta la planta del pie en la cara y le grita: “Mariano, no pareces mi hermano. Vístete como un ser humano”. Tercia el sacerdote, vestimos al nudista con un traje de nazareno y el padrino queda sereno. Se saca los anillos del anillo y los lava con agua bendita mientras su hermana le grita: “Eres un marrano, Mariano”.
     Llega la limusina y la novia arriba arriba del altar. Mi suegro, se me acerca, me enseña la escopeta escondida bajo la chaqueta y me dice: “Para mientes. Si al cura le mientes, tu mente quedará lamentablemente esparcida por el altar como simiente en un erial”. Tras ese entrañable discurso, los acontecimientos siguen su curso. El sacerdote bendice nuestra unión y la peña nos tira la tira de arroz.
       Llegamos al restaurante. Los convidados con vida se ponen cómodos para la comida. Mi suegra me pregunta: “¿Vino el vino? Ve a la bodega y ve si ya llega como se convino”.
       Una dama de honor, que es una comensal muy anodina, agita el salero sobre la mesa vecina mientras grita: “Sal, sal “. Los niños de la mesa de al lado, qué salados, juegan al escondite por todo el salón como angelitos alados. 
       Observo que mi abuelo devora los manjares con los modales de los osos polares, y oso reconvenirle. “¿Que cómo como?”, me responde ofendido,”Como como, como”.
      Mi cuñado, el albino, es muy aficionado al vino y, después de ponerse fino de fino, decide hacer esquí alpino desde una palmera del jardín. Se cae desde la palma y casi la palma. Pero se recupera con dos copas de rivera y sigue la borrachera.
       Mi suegro me dice que se acaba el cava. Al cabo, ato cabos. El sacerdote se ha bebido cien copas y pico. Me pico y me aplico a abroncarlo: “Cierra el pico, borrachete. Copas las copas y he caído en la cuenta de que la cuenta sube un pico”. El cura es presa de la locura. Saca de debajo la mesa una saca de billetes de todo tipo y me dice con desprecio: “Cobra, cobra.  Aquí hay dinero de sobras”.
      La madrina se empecina en que los presentes de los presentes pasen a estar ausentes del bolsillo de los contrayentes. La descubro metiendo mano a mi chaqueta y ella me espeta: “Sobran sobres, no te sobres”.
      Todos buscan a la novia para cortar el pastel nupcial. Los niños descubren que está jugando al escondite con dos camareros debajo de la mesa de los solteros. Se levanta el mantel y se descubre el pastel: mi mujer empalada por Juan y Manuel en un empalagoso emparedado. Sándwich de papada, ¡qué postre para la velada! Mi madre me grita “¡Venga, venga la afrenta de tu cornamenta!”. Pero yo me quedo parado, feliz por la cornamenta y la paternidad incierta. Mi honor ha sido mancillado y pronto seré un parado separado.
      Mi suegro saca la escopeta de su chaqueta y encañona a los encoñados mientras llama fulana a Ana. Los empaladores salen corriendo pal corredor y el cazador se retira sin tirar un tiro a disfrutar de un merecido retiro. Le ha salido por la culata el tiro. La orquesta toca la tocata y fuga de Bach y yo canto apoyado en el canto de la mesa. Porque ¿cuánto dura la felicidad? Lo que dura dura y el tiempo todo lo cura.

viernes, 21 de febrero de 2014

LA COMUNICACIÓN TIENE MUCHA GUASA

 
      Llegué a la puerta del Satélite sobre la una, después de cenar unas pizzas con mis compañeros y tomarme dos birras en nuestro piso para calentar motores. Era sábado y mis colegas tenían que quedarse a estudiar para un examen, así que decidí salir solo. Otro compañero de la Facultad me había dicho que en el Satélite había cantidad de pivones y era fácil pillar cacho. Me había afeitado, puesto fijador y vestido con mi única americana para que los de seguridad me dejasen entrar en el local. Me miré al espejo y me di cuenta de que le daba una aire a Mario Casas. Molaba tanto mi look que me hice una foto antes de salir de casa y la puse en mi perfil del WhatsApp.
     Mientras hacía cola para entrar en la disco, aproveché para intercambiar varios mensajes por WhatsApp con mis amigos bromeando sobre los gorilas de la puerta y un hipotético tacto rectal a mi persona. Pasé el control sin problemas. El Satélite estaba animado, pero no lleno. Me acerqué hasta la barra y pedí una cerveza. Hice una foto de la pista de baile en la que salían varias chicas buenísimas y se la envié a los colegas por WhatsApp para darles envidia. Al poco, se me acercó un pivón de los que bailaban en la pista. Pidió una Coca-Cola al camarero y me habló:
-Hola, soy Mónica.
-Hola -contesté sorprendido. No estoy acostumbrado a que me entren las pavas guapas.
-¿Cómo te llamas?
-Eduardo –respondí mientras pensaba en enviarle un WhatsApp informándole de que yo era de Cuenca, estudiaba tercero de Derecho, era miembro del equipo de rugby de la Uni, me gustaba el cine de ciencia ficción y era la primera vez que estaba en el Satélite.
-Mola la música, ¿verdad?
-Mola –contesté antes de hacerle un scanner completo. La pava estaba buenísima y llevaba un vestido muy ajustado que le marcaba unos melones perfectos-. ¿Y tu móvil? -pregunté dispuesto a conquistarla.
      -No lo cojo nunca cuando salgo de fiesta.
     -Vale –dije decepcionado. Si hubiera tenido móvil le habría dicho por el WhatsApp que era la chica muy sexy de la discoteca y que se parecía a Jessica Alba.
    -Está canción me encanta, Eduardo -dijo cuando empezó a sonar un tema nuevo-. ¿Bailamos?
     -Vale.
     Me cogió de la mano y tiró de mí. La seguí en silencio hasta la pista. Comenzó a bailar como una gogó mientras yo apenas era capaz de menearme. “¡Qué pena no poderle mandar un WhatsApp para decirle lo dulces que eran sus ojos almendrados, lo bonita que era su sonrisa y lo sensual que resultaba su danza!”, pensé.
     -¿Te gusta Ryanna, Eduardo? -me preguntó acercando los labios a mi oreja a mitad de canción.
     -Sí -contesté acelerando mis movimientos para demostrarle la veracidad de mi afirmación.  
     Cuando cambiaron la música, Mónica volvió a cogerme de la mano para conducirme de regreso a la barra. Se secó las gotitas de sudor de su frente con una servilleta y bebió un largo sorbo de su refresco. Yo apuré mi birra sin poder apartar los ojos de su cara.
     -¿Estás bien?-me dijo.
     -Sí –respondí, mientras pensaba que por WhatsApp le habría dicho que el sudor que perlaba su frente hacía su rostro aún más hermoso o que me moría por probar sus labios de fresa.
    -Voy un momento al baño, cariño -afirmó antes de darme un beso en la mejilla.
    -Vale.
    -Y, cuando salga, nos vamos a tomar algo a un sitio más tranquilo –añadió sonriente.
     Me quedé mirando su cuerpo perfecto alejarse mientras maldecía mi mala suerte. No podía ligar con aquel pivón. ¿Cómo iba a decirle lo que sentía por ella si no llevaba móvil? ¿Por qué me tocaban siempre las más raritas? ¿Cómo se iba a enrollar nadie con una tía que se dejaba su smartphone en casa? Imposible hablar con ella. ¿Cuál sería la siguiente sorpresa? ¿No disponer de Wi-Fi en su piso? ¿No tener cuenta en Facebook?... Una locura. La sociedad estaba enferma. La gente ya no se relacionaba. No hablábamos y, al no comunicarnos, los individuos nos estábamos deshumanizando.
     Abandoné el local a toda prisa, no quería que la tía rara me pillara. De camino hacia nuestro piso de estudiantes, le escribí un WhatsApp a mi compañero de la Facultad: “Las tías del Satélite son todas unas frikis”.